INSTITUTO POLITÉCNICO

CRISTO REY DE VALLADOLID



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RECUERDOS DE FERNANDO MARTINEZ GONZÁLEZ

 

Estimados amigos:

Tengo ahora 80 años e ingresé en las Escuelas de Cristo Rey en 1945.
Cuando ingresé sólo había en el colegio el chalet con el mural de azulejos de Cristo Rey, la nave larga donde estaban la cocina, la despensa, el comedor y la sala de actos y lectura. También las clases, el campo de fútbol, un pinar de tres o cuatro pinos y al lado el baloncesto, todo de tierra. Por ese tiempo se inauguró la iglesia (8/XII/1946) y el edificio en forma de "L" donde estaban los dormitorios.
Más tarde se hizo la piscina y al final de la finca, la casa de Ejercicios Espirituales.
Entre las actividades que desarrollé en el colegio, están las de monaguillo, lector de la iglesia y algunas veces en el comedor de los padres, monaguillo en la Casa de Ejercicios y dibujante en los encerados de varias clases, sobre todo en la mía que ejercía de maestro D. Juan Gil y Zamora.
También pertenecía al coro y ayudaba todos los años a montar el Belén en el salón de lectura y juegos.
Para terminar, muchas felicidades en el 75 aniversario y os mando algo que puede que no lo tengáis en los archivos.
Lastima que llegue tarde para incluirlo en el libro que se está haciendo, con algunas historias que os podría contar.
Un saludo afectuoso,
Fernando Martínez González.

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Al Padre Antonio Fernández Cid:

Tengo trémula la voz.
soy ahora tan pequeño,
pero no cejo en mi empeño
de entregarte el corazón.
Soy, lo se, insignificante,
una oveja en tú redil,
un balido entre otros mil
de tu concierto gigante.
Más por pobre
y por oscuro,
porque tengo que callar
a mi corazón maduro.
Y es maduro el corazón
que tú mismo has madurado,
te lo entrego, es el legado
humilde para el pastor.
De venturas te deseo
tantas y tantas, sin cuento,
que el Señor que estará atento
te premiará desde el cielo.
Sigue, sigue Padre Cid,
en tú heroico caminar,
que tú eterno descansar
será en el Bien Infinito.
Cuando veas ingratitud,
sigue por Dios adelante,
que para tú obrar gigante
hay un testigo en la Cruz.

Valladolid 1948.
Escrita por un profesor laico del colegio.
Recitada en la despedida del Padre Cid por Fernando Martínez.

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Estimados amigos:
Como me pedias os empiezo a mandar algunos recuerdos de las antiguas Escuelas.
Uno es un croquis a mano alzada y de memoria de lo que era el colegio en mis años (1945-1950), me supongo que ya lo tendréis.

El segundo puede que también lo tengáis e inclusive en color.
Si lo tenéis en color, os agradecería me lo mandaseis.
Ya mandaré más cosas.
Un saludo, Fernando.

 


El sacrilegio

Amaneció un día como otro cualquiera (puede que fuese en 1948).
Después de lavarnos y al ir a misa, observamos un gran movimiento entre los sacerdotes del colegio y al entrar en la capilla vimos al padre de la Fuente rezando y llorando ante el altar mayor.
El motivo era que bien por la tarde o al anochecer, alguien había entrado en la capilla, había abierto el sagrario y se había comido todas las Hostias Consagradas.
La reacción del padre superior, (creo que ya era el Padre Mariano), fue un castigo general, pero por la súplica del Padre de la Fuente no se hizo nada.
Se pasó el día casi normal, sólo en lugar de recreos, lo pasamos en la capilla rezando junto al Padre de la Fuente.

No se pudo aclarar quien pudo ser el autor.

 

El día más largo de Cristo Rey

Para empezar os diré que no puedo recordar la fecha, pero fue con motivo de inaugurar algo, (La capilla no, seguro).
Pudo ser la piscina o los nuevos dormitorios. Ese día, la dirección del colegio organizó una recepción, a la asistieron alguna personalidad de Valladolid.
Después de los actos y ya por la tarde a la hora de despedirse los invitados, una señora comunicó al director, (creo que ya era el padre Mariano -?) que le había desaparecido de su bolso un monedero.
El revuelo fue mayúsculo e inmediatamente nos comunicaron que hasta que apareciese el monedero, estábamos castigados sin comer.
La noche se paso dentro de lo que cabe bien, pero al día siguiente, sin desayunar ni comer, la tarde se hacia eterna y el estómago se "quejaba".
Paliamos algo el hambre, comiendo unas hierbas silvestres que creo se llamaban "averbajas" o así las llamábamos nosotros.
A media tarde se recibió una llamada en el colegio de la señora que denunció el robo, pidiendo que la perdonaran por no llamar antes, pero que el monedero se lo había dejado en su casa.
Por fin esa noche pudimos cenar y nos dieron doble ración.
Así acabó "el día más largo de Cristo Rey".
Por cierto, me podías decir si el Padre Mariano murió y si sabéis si en colegio
estuvo un sobrino suyo de origen alemán. Yo recuerdo un chaval más pequeño que yo, rubio y vestido con unos pantalones tipo tirolés.
(Todo lo que os cuento es realidad y no es por criticar a los sacerdotes que dirigían y enseñaban en el colegio, pues gracias a sus enseñanzas he podido defenderme en la vida y tener una posición bastante desahogada.

Sólo pretendo contaros anécdotas de aquella lejana época)

Un afectuoso saludo,
Fernando Martínez.


Cosas de 1945-1950

Hola amigos:

Después de unos días de vacaciones en La Manga, me animo a seguir contando cosas de Cristo Rey.
Se lo dedico especialmente a Carlos Valentín Gil, puesto que he leído sus artículos en vuestra web, y comprobado que a pesar de la diferencia de los años (me supongo que Valentín será del curso de los 60 o 70), las cosas del colegio poco variaban.

En mi época (1945-1950) nos levantábamos a toque de silbato muy temprano. Lo primero, después de lavarnos y vestirnos, era ir a misa. A continuación en la zona de baloncesto, izar banderas en un mástil con las tres enseñas clásicas, la de España, la de Falange y la Requeté.
A continuación el desayuno, consistente en un tazón de leche y malta con un cuarto de barra de pan. (La barra de ración era de unos 20 o 25 centímetros).
Después pasábamos a clase. (Eran siete clases). De los profesores seglares todos, solo recuerdo al mío, Juan Gil y Zamora y uno llamado Teodosio.
Posterior a las clases, un rato de juegos hasta la hora de comer. Los juegos eran los de la época, fútbol con piedras de portería, carreras de bicicletas y fútbol con chapas, (Las de bicicletas eran muy populares, porque casi todos los años la vuelta a España, pasaba por delante del colegio).
También era muy popular la tirada de güitos de albérchigo, que consistía en una caja de zapatos con diferentes agujeros numerados del uno al cinco.
Los fallos para la banca y según el número de los acierto, así se pagaba.
LLegada la hora de la comida, entrabamos al comedor en silencio, se rezaba y empezaba la comida, consistente en un plato según la época, de garbanzos. lentejas o judías y alguna veces arroz ?con carne?.
De segundo, normalmente bonito en escabeche, (Una cucharada por barba)

NOTA: Como éramos 6 en la mesa, por nuestra cuenta, cada uno tenía un número y el 1 se comía el lunes lo de los seis, el martes el 2 y así sucesivamente. Los domingos eran cosas especiales. Pan, un tercio de barra.
De postre la mayoría de las veces eran higos secos, normalmente sin aplastar.
Otra nota: los garbanzos algunas veces estaban casi crudos y los utilizábamos como balón para los partidos de chapas.
Por la tarde, sobre todo en verano, un rato de siesta y después juegos.
Algo de estudio, ensayos del coro, clase de religión, más juego y a cenar después del rosario. A media tarde la merienda consistente en un cuarto de barra y una onza de chocolate.
En uno de los relatos de Valentín menciona el ir al fútbol a ver al Valladolid.
En mi época, íbamos con pases que mandaba el club y sellaba el colegio.
Al final de mi estancia, los pases se imprimían y sellaban en el colegio.

Me propongo ir en fecha próxima a Valladolid y mi idea es alojarme en el Hotel Marqués de la Ensenada, para recordar cuando íbamos con una caja de zapatos y por 10 céntimos nos la llenaba de recortes de hostias, siendo entonces fábrica de harina.
La diferencia con lo que cuenta Valentín es que lo suyo eran restos de pastas y lo nuestro hostias y restos de obleas.

No me alargo más y ya mandaré más cositas, siempre que os parezca bien.
Sin más por ahora, hasta que nos veamos en Valladolid, contando que sea bien recibido.

Un saludo,

Fernando Martínez González.


Un día de fútbol

El día 2 de julio de 1950, la actividad del colegio se vio alterada por un importante acontecimiento.
Por la tarde, se retiraron las mesas del comedor y se colocaron los bancos en varias filas.
En un aparador, se colocó un aparato de radio.
Casi todos los ocupamos nuestro sitio en los bancos y sobre las siete de la tarde comenzó el gran acontecimiento.
Empezaba Matías Prat a radiar el partido de fútbol España-Inglaterra del Mundial de Brasil 1950.
E n un saque del portero Ramallets, el balón cayó a los pies de Alonso, este centró sobre Gainza que de cabeza pasó el balón a Zarra y este con decisión colocó el balón dentro de la portería del meta inglés.
El griterío en el comedor del colegio fue de los que hacen época.
"España había ganado a los inventores del fútbol".
Ese día, El Presidente de la Federación, D. Armando Muñoz-Calero pronunció la célebre frase, "hemos logrado vencer a la pérfida Albion".
Por lo que he leído parece ser que os gusta el fútbol y este es un grato recuerdo de mi estancia en Cristo Rey.

Un saludo desde Madrid,

 

Rodeados de nuestros ídolos

A finales de mayo de 1950, corrió la gran noticia por el colegio. El Real Valladolid C. F. iba a pasar unos días en la Casa de Ejercicios (más tarde Miralar), concentrados para el partido de la final de la Copa del Generalisimo.
En esos días disfrutamos al tener de cerca y jugar con nosotros a los héroes que veíamos los domingos en el Estadio de Zorrilla. Solamente fueron tres o cuatro días, pero para nosotros inolvidables.
Tener contacto con el gran portero Saso, los formidables defensas Babot, Lesmes I (Después cuñado de Coque), Lesmes II que triunfó en el Real Madrid de Di Stefano, la gran linea media que formaban Ortega y Lasala y la delantera formada por Juanco, Aldecoa, Revuelta, el cañonero Vaquero (que por cierto era corto de vista y usaba gafas) y el gran Coque que fue traspasado al Atlético de Madrid y que malogró su carrera enamorándose y seguir a todas partes, incluso hasta México, a la cantante Lola Flores.
Los padres de Coque tenían una panadería en el Paseo Zorrilla y el mayor de los hermanos Lesmes se casó con una hermana de Gerardo Coque.

Dos días antes del partido que fue el Domingo 28 de mayo de 1950, se trasladaron a Madrid.
Como recuerdo particular, ese día colocaron amplificadores por toda la Plaza Mayor para oír la retransmisión del partido contra el Athletic Club de Bilbao.
Este terminó con empate a uno y en la prorroga, Zarra marcó tres goles para los bilbainos, 4-1.
Como consecuencia de estar tantas horas a pleno sol que pegaba de pleno, cogí una insolación que me tubo en la cama durante varios días a base de sulfamidas y cuando por fin me levanté, no podía tenerme en pié y me tenían que ayudar dos compañeros.

Pero aquello pasó y hoy queda el recuerdo de los días pasados junto a nuestros ídolos futbolísticos.

Un saludo desde Madrid,

REAL VALLADOLID C.F. 1950

Mi principio en Valladolid

Corría el año 1945 y yo estaba interno en el Colegio de la Medalla Milagrosa en la ciudad de Ávila.
Un día por primavera, algún alumno rompió una imagen que decoraba una columna de un pasillo del edificio antiguo. (Había el colegio antiguo y enfrente el colegio nuevo, que existen en la actualidad, aunque mejorados).
Ante tal estropicio, la directora Sor Eulalia Cordero, que tenía un genio de mil demonios, monto en cólera y sin pensarlo dos veces, expulsó del colegio a todos los chicos.
Como la mayoría era de Madrid, algunos tomaron la carretera hacia la capital, otros hacia el este, el norte y el oeste, quedando bastantes deambulando por la ciudad de Ávila. Yo como tenía unas amistades en la ciudad, en la Pensión Piquio, me fui a dicha pensión y cuando se lo conté a la dueña, esta se dirigió a la tienda de otro amigo de mi familia, dueño de la Camisería Losada y juntos conmigo fueros a ver al Gobernador Civil.

Este ordenó inmediatamente a la Policía Nacional (entonces "los grises"), a la Policía Municipal y a la Guardia Civil para que localizasen a los chicos. La policía Nacional y Municipal, por la ciudad y la Guardia Civil por las carreteras. Se logró localizar a todos.
Ignoro lo que le dijesen a la Superiora pero a los pocos días, me mando llamar para comunicarme mi traslado debido a mi edad, a Valladolid, a un colegio de Jesuitas. Días después, una monja me entregó en las Escuelas de Cristo Rey
al Padre Antonio Fernández Cid.

Al principio de mi estancia en el colegio, me costó muchas lágrimas, (tenia 10 años), no tenía amigos, estaba muy triste y me daban miedo aquellas personas altas y vestidas de negro.
Mi consuelo estaba en permanecer en la sala de juegos y leer los pequeños libros de la estantería-biblioteca, sobre todo los de Emilio Salgari.
Un día me comunicaron que pasara por el despacho del Padre Cid y este me preguntó qué me pasaba, que le habían comentado lo triste que estaba, que no tenía amigos y mis continuos lagrimeos.
Yo no sabía que contestar, pero saque fuerzas y ánimo y le expliqué al Padre Cid, lo que ocurría, "que estaba asustado por los curas".
Al preguntarme si me habían pegado, le respondí que no, pero que recordaba que en mi casa, cuando hacia alguna travesura, me regañaban y me decían que "era más malo que los jesuitas".
Al Padre Cid debió hacerle gracia mi espontaneidad, sonrió, me dió un caramelo y me dijo que ellos no eran malos como la gente creía y decía.
A continuación llamo a otro padre y le recomendó que me presentase a un grupo de chavales de los buenos, puesto que en el colegio había de todo, y a mí que me animase a portarme bien, estudiar y procurar divertirme.

Unas semanas después, me volvieron a llamar al despacho del Padre Cid, pero antes bajamos al sótano del chalét donde estaba el ropero, me lavaron, peinaron, me pusieron ropa interior limpia y también un traje de los que usábamos para las grandes ceremonias.
Cuando subimos al despacho del Padre Cid, me encontré con mi madre y el que más tarde sería mi padrastro. Sentados ante el Padre Cid, este les relató el encuentro que habíamos tenido semanas antes y lo que le dije de los jesuitas. A mi madre le cambió el color de la cara y mi padrastro sonrió de lado.
El Padre Cid les comentó que no tenía gran importancia y que el ya sabia lo que se solía decir de la Orden. Me dió el día libre para que lo pasara con mi familia y salimos del colegio camino de la ciudad.

En el camino mi madre me reprendió severamente, que no tenia que haber dicho eso y que tampoco era así como me decían en casa. No era "más malo que los Jesuitas" sino "más falso que los Jesuitas".

Puede que este episodio con el Padre Cid influyera para que me portase bien ya que en cuatro años que estuve con él, no recibí nada más que dos "tortas zamoranas".
(Ya os contaré como eran las "tortas zamoranas").

 

Nuestro mejor amigo

Cuando entré en Cristo Rey, él ya estaba y era el personaje más querido de todos.
Me refiero al perro guardián del colegio, llamado "Leal" (se le menciona en la página 91 del libro "75 años de servicio Escuelas de Cristo Rey").

Nosotros, como niños, decíamos que era un "perro lobo", pero era un pastor alemán.
Generalmente, a pesar del hambre de esa época, (1945), siempre algún chaval guardaba un trozo de pan para Leal, hasta el extremo de prohibirnos los curas que le diésemos comida y nos decían que él tenía la suya y que si le dábamos más, se pondría muy gordo y se moriría.

Participaba en nuestros juegos corriendo con nosotros, aunque en ocasiones no nos gustase, sobre todo cuando jugábamos al fútbol, pues se metía por medio y alguna vez nos pinchaba la pelota al morderla.
Los partidos solían ser a lo ancho del campo, con un montón de piedras como porterías. Para formar los equipos se usaba el método de "echar a pies" que consistía en que los capitanes ponían los pies, el talón delante de la puntera en una pequeña distancia, un metro y medio, aproximadamente. El que al acercarse no le cabía el pie, perdía y el ganador empezaba a elegir a los componentes de su equipo, cada vez uno y por orden. Solíamos ser equipos de seis o siete jugadores.

Así se pasaban los recreos de casi todos los días, hasta que un día fatal nos despertamos con la noticia de que habían matado a nuestro amigo Leal. Parece ser que se metió por la noche en la finca del vecino, como solía hacer muchas veces y éste, llamado Juan, le disparó con una escopeta. La pena se convirtió en rabia y durante todo el día, lo pasamos pegados al seto que separaba la finca, gritando con verdadera rabia, "asesino, asesino" y "vaya a misa, vaya a misa".

Más tarde, el seto fue sustituido por un muro y ya no hubo ningún perro más en el colegio.

Fernando Martínez González

Marzo de 2016

 

 

 



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