INSTITUTO POLITÉCNICO

CRISTO REY DE VALLADOLID




RECUERDOS DE FERNANDO MARTINEZ GONZáLEZ

 



SACERDOTES y MAESTROS

En mi memoria quedan los recuerdos y nombres de algunos de los sacerdotes y maestros que pasaron por las Escuelas en mis cinco años y a ellos dedico este relato, puede que con algún error, pero insignificante.

Han pasado 70-75 años, que son muchos años.

Del Superior de las Escuelas, P. Antonio Fernández Cid, ya comente sobre él en otro relato anterior.

Padre Cid

Referente a su sucesor, el P. Mariano Rodríguez, no fue mucho el trato que tuve con él, puesto que ya trabajaba en el taller de ebanistería de Miguel Trapote en la calle Arribas, 2.

De su recuerdo: En una ocasión, un compañero y yo nos metimos en el cine Coca y al no tener reloj se nos fue el santo al cielo. Cuando llegamos al colegio ya estaban cenando y al entrar nos abordó el P. Mariano y nos dijo que suponía que ya vendríamos cenados y esperásemos fuera. ( Que recuerde fue el único castigo que recibí de él).

El P. Mariano fué el que me trasladó a Madrid vísperas de nochebuena del 1950. Al entregarme a mi madre junto con mis cosas y la cartilla del racionamiento y al ver las dudas que tenía mi madre sobre mi porvenir, estas fueron sus palabras:
"Señora, no se preocupe que su hijo sabrá de sobra buscarse la vida y no tendrá grandes problemas".

Así ha sido mi trayectoria.

Pasamos a un ligero relato sobre otros sacerdotes.

Empezaremos por el Hermano Uzqueda, 1947-1950. Un vasco bastante gruñón, pero buena persona, a pesar de las travesuras que le hacíamos, a las que contestaba lanzandonos algún pedrusco o lo que pillase a mano. Se dedicaba a las labores de mantenimiento, frutales jardinería y otras.

Le toca el turno al P. Balbona, espiritual de 1945 a 1947.No se le puede catalogar como mala persona, algunas veces si, pero el mayor defecto y que nos sacaba de quicio a la mayoría, era su costumbre o vicio de sobarnos el lóbulo de la oreja cuando nos hablaba o confesaba. No quería confesarse con él la mayoría y a mi me revolvía las tripas. A veces cambiaba el sobo por alguna bofetada.

Del P. Miguel Martín, 1946, y el P. Carlos Pardo, 1947, no tengo recuerdos. Uno de ellos se fué a China y pasado un tiempo le escribimos una carta varios compañeros a la cual nos contestó. Yo le pedía que me mandase el principio del Ave María en chino y me lo mandó: "Wangfu Maliya, ni chongman sheg- chong"...Aun tengo la carta en mi casa, pero no he podido localizarla.

Toca hablar del P. Luis Fernández de la Fuente, espiritual desde 1947, por todos considerado como una bellísima persona. Lo mejor de Cristo Rey. Siempre llevaba alguna cosa en el bolsillo, bien caramelos o alguna estampa. Celebró sus últimos votos en 1948.

Otro de nuestro amigo era el P. Miguel Campo, compañero de juegos, en especial el fútbol y el baloncesto, aunque a veces se pusiera serio y tenía que dar algún capón o alguna torta.

También muy buena persona el P. Eugenio Borondo, 1948. Le presté el libro "Corazón" de Edmundo de Amicis y se le olvidó devolvermelo al irse.

De los PP. Inocencio Uzqueda y José Hernando no tengo ningún recuerdo, debido a que ya trabajaba en la ciudad y tenía poco contacto con ellos.

Ahora toca hablar de los profesores con los que conviví. En primer lugar con el mio, D. Juan Gil y Zamora, aparte de maestro de mi clase, director del coro. Era algo mayor y durante varios años estuvo en Argentina, de la que nos contaba curiosidades, historia y leyendas. Le llamábamos "El Chochero" y algunas veces se dormía en la clase, lo que aprovechábamos para cazar moscas y mojarlas las patas en los tinteros. Lógicamente, el techo y las paredes, llenos de motas azules y alguna se posaba en la calva de Don Juan. En 1963, en un viaje que hice a Valladolid, fuí con mi esposa a visitarlo a su casa en la calle Muro, 7. Vivía aún, pero ya viejecito.

Otro que recuerdo bastante fué D. Teodosio Fernández. Quería ser muy rígido y a los alumnos les decía "os voy a tener así de derechos" enseñando el dedo meñique y daba la casualidad que lo tenía algo deformado y torcido. Imaginaros el cachondeo.

El profesor de 3º, D. Emilio Arranz, tenía la costumbre de pedirle permiso a D. Juan para que fuese a su clase ha realizar algún dibujo en el encerado o en cuaderno que llamábamos de limpio, (Labores Especiales). Ya sabía yo, que en cada llamada caía un bocata o un bollo. (En esos años era muy bien recibido).

Del Director de Maestros, D. Manuel Navarro y los otros profesores no recuerdo nada, quizás por el poco trato.

Por ahora, dejo de darle al teclado, que ya está bien de rollo.

Un saludo,

 

 

Fernando Martínez González

Agosto de 2020

 

 



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